Estamos convencidos de que vemos el mundo tal como es, pero en realidad habitamos una versión optimizada para que encaje con nosotros. No solo interpretamos la realidad: la defendemos, porque en ella está nuestra identidad. Y hoy esa optimización viene de sistemas que aprendieron qué capta tu atención y qué confirma tus ideas. ¿Cadenas? para qué, si todo lo que consumes refuerza lo que ya piensas.
Por eso dudar se siente incómodo y cuestionar parece una amenaza personal, ya que implica aceptar que puedes estar equivocado, exponerte a perspectivas que no te favorecen y reconocer que nadie posee la versión final de la verdad. Tal vez nunca saldremos de la caverna, pero si podemos desarrollar la suficiente lucidez para sospechar de las sombras.
